jueves, 21 de marzo de 2002
Durante la última década ha emergido con mayor fuerza, como complemento de las políticas nacionales de desarrollo, la necesidad renovada de aprovechar los recursos endógenos como punto de partida para establecer un nuevo estilo de desarrollo basado en las potencialidades de las economías locales.
Una de las manifestaciones más visibles de la nueva realidad económica y social de Nicaragua es el hecho de que, incluyendo las medianas empresas, las MIPyMEs constituyen la principal fuente de empleo del país (84%), pero contribuyen con tan solo el 20.5% del Producto Interno Bruto. El hecho de no contar con estructuras adecuadas, con condiciones financieras favorables, ni con mecanismos de apoyo institucional, limita inmensamente su desarrollo y mayor proyección.
Limitados al ámbito exclusivo de las microempresas, de acuerdo con el Proyecto Centroamericano de Apoyo a Programas de Microempresa de la OIT (PROMICRO-OIT), en Nicaragua existían en 1999, a nivel urbano, 233.060 personas que trabajan como autoempleados o en alguna microempresa. En términos de unidades económicas, existen alrededor de 213.301 de tales unidades, de las cuales sólo 15.200 son microempresas y 198.101 son autoempleos[1].
En Nicaragua, cuando hablamos de microempresa, en realidad nos estamos refiriendo al autoempleo y a un grupo de unidades económicas con una muy inadecuada inserción en el mercado y con muy escasas posibilidades de competir en un mercado globalizado. Se trata de un conjunto de unidades económicas muy pobres, de los pobres, cuya racionalidad económica predominante muy probablemente sea la del consumo familiar. Se trata, por tanto, de un tipo de empresa cualitativa y cuantitativamente distinto, que en consecuencia merece un trato diferenciado en términos de los servicios que requiere.
Dado que en Nicaragua, la mayoría de hombres y mujeres se ganan hoy la vida en este ámbito — en microempresas y pequeñas empresas, en el trabajo autónomo y en el trabajo a domicilio —, son de particular trascendencia los efectos que sobre el mismo tienen las políticas, las normas gubernamentales, las campañas de formación empresarial y de desarrollo de mercados, y la creación de organizaciones gremiales. Así lo confirmó la Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo de 1998 al aprobar la Recomendación Nº 189 sobre la creación de empleos en las pequeñas y medianas empresas, ofreciendo una visión de las pequeñas empresas como un sector creador de empleo y especialmente idóneo para luchar contra la pobreza.
Las condiciones imperantes en este contexto sectorial nos plantean al INPRHU, como ONG de desarrollo, la necesidad de examinar las condiciones que posibilitarían el surgimiento, desarrollo y consolidación de una mejor experiencia de MyPEs en Nicaragua, analizar el rol que las Asociaciones Gremiales de micros y pequeños empresarios han venido teniendo en dicho proceso, y explorar las distintas formas como el INPRHU puede contribuir en la creación y desarrollo de estructuras y sistemas de apoyo autogestionadas por los micros y pequeños empresarios o por sus asociaciones gremiales, que posibiliten su crecimiento y consolidación.
[1] El promedio de empleados por cada microempresa es de 3.6 personas en Centroamérica y de 2.3 personas en Nicaragua. Los autoempleos corresponden a una sola persona. En los otros países de la región los promedios para cada país son: El Salvador (5.4), Costa Rica (4.5), Panamá (3.9), Honduras (2.5) y Guatemala (2.3). Estadísticas procesadas por PROMICRO/OIT a partir de Encuestas de Hogares o Encuestas de Ingresos realizadas entre 1998 y 1999 en los diferentes países de la región. La Microempresa en América Central. PROMICRO/OIT. San José, CR. 2000. Informe disponible en el sitio web de PROMICRO/OIT. |